Los trabajadores de Escondida tienen razón

Escondida sitioPor Marina Parisi, 2017

Un bono por término de negociación de $25.000.000 y un reajuste salarial del 7% son algunas de las demandas que exigen los trabajadores de Escondida. Para la mayoría de los chilenos, que gana en promedio $300.000 mensuales, tales exigencias son irreales, desproporcionadas… un absurdo. Pero acaso, ¿no son justas si consideramos que los altos ejecutivos de la minera perciben $22.000.000 y más al mes, mientras que los trabajadores, quienes deben asumir complejos turnos de trabajo arriesgando su integridad, ganan $3.000.000 y quizás un poco más?

No está en discusión el hecho que los altos mandos deben percibir más que los trabajadores. Es lógico, porque se trata de profesionales con un abultado currículum y la mayoría de ellos han adquirido postítulos y valiosa experiencia en el extranjero. En contraste, los trabajadores apenas han concluido sus años de escolaridad. El problema aquí es la gran brecha entre los que más ganan y los que menos perciben, el eterno problema que arrastra Chile. Si no hubiera TANTA DIFERENCIA entre lo que ganan los directivos de Escondida y lo que perciben sus trabajadores, con certeza habría menos posibilidades de huelga y actos de violencia.

En 2015 el estadounidense Dan Price se convirtió en el “Mejor Jefe del Mundo”, cuando decidió rebajar su propio sueldo para aumentar el de sus 120 trabajadores. Dueño  de la empresa Gravity Payments (Seattle) y dedicada a procesar pagos de tarjetas de créditos, Price aumentó el sueldo de sus empleados hasta los US$70 mil anuales, explicando que era la cantidad con la que “una persona puede alcanzar todas sus metas”.

A partir de ese momento Price decidió ganar la misma cantidad de dinero que sus trabajadores, sin imaginar que lo mejor estaría por venir. Tras un año con sus nuevos sueldos, los trabajadores decidieron devolverle la mano a su jefe, y en un gesto de agradecimiento, ahorraron durante seis meses y le regalaron «el auto de sus sueños», un Tesla Model S, cuyo costo fue de US$70 mil.

Por supuesto, este tipo de situaciones ocurre una vez cada 100  años, pero es una clara muestra de cómo la equidad sólo puede atraer más de lo bueno.