El buen morir

morir 3Por Marina Parisi, publicado el 2018

Desde nuestra limitada percepción en el mundo físico, cuando un ser querido fallece creemos que lo hemos perdido, pero en realidad no es así. Es importante comprender que cuando una persona muere, ésta inicia un proceso de transición y su familia y amigos juegan un rol muy especial, porque ellos pueden ayudar a que este proceso de transición sea más simple, pacífico y amoroso. Con la energía de nuestros pensamientos podemos y debemos hacer ver a la persona que partió (de una manera muy amorosa), que ya ha fallecido, que se acaba de cerrar un ciclo y que ahora tiene que continuar. ¿Por qué debemos hacer esto?, porque la persona que murió sigue muy empatada con la energía material del mundo físico, con el dolor y el sufrimiento de su familia y amigos, y en algunos casos, hasta no se ha dado cuenta que ha fallecido.

Ello ocurre especialmente cuando se trata de muertes súbitas como accidentes graves, donde la persona tiene muy poca conciencia de lo que ha ocurrido a su alrededor. Esta es la primera etapa de desapego en el proceso de transición o muerte: darse cuenta que ya no se es más un cuerpo físico y que no podemos hablar y relacionarnos con nuestros seres queridos como solíamos hacerlo. Y esto cuesta trabajo comprenderlo y aceptarlo, hasta causa desesperación.

Sin embargo, las almas no están solas durante esta primera etapa de desapego. Reciben ayuda de seres de luz (ángeles) y guías espirituales o maestros. Ahora bien, si la persona no se ha dado cuenta que ya murió o durante su vida terrenal no estuvo abierta a recibir apoyo de los demás, es muy probable que una vez que trascienda rechace la ayuda de los seres de luz.

¿Qué pensarías tú si viene un desconocido y extendiéndote la mano te dice “vámonos a casa”?, lógicamente, reaccionarías a la defensiva y negarías la ayuda. Pero si recibes el apoyo de un familiar o amigo (a través de la energía del pensamiento), entonces puede aflorar la conciencia y la lucidez de lo que realmente está sucediendo.

Si una persona durante su vida física sintió que estuvo sometido a una serie de injusticias, tuvo mucho miedo a la muerte, no creía que había un espíritu además del cuerpo, o bien, constantemente hizo daño a los demás, es muy probable que al momento de trascender le cueste mucho aceptar ayuda, porque en su vida tal como la llevó, no estuvo acostumbrado al contacto amoroso.

En cambio, si la persona periódicamente se estuvo buscando a sí misma, creció con cada experiencia buena o mala que se le presentó, no tenía miedo inminente a la muerte, dio a los demás a través de sus dones, sus talentos y su misión de vida, y creía en que somos mucho más que un cuerpo, seguramente su proceso de transición va a ser mucho más sencillo.

El túnel de luz, el paso a una nueva dimensión

Una vez que el alma ha aceptado su muerte física y su nueva condición, viene una segunda etapa de desapego y es aquí donde aparece el famoso túnel de luz o también un jardín muy grande y colorido. Al parecer, ambos ayudan a transitar de una dimensión a otra. La mayoría de las personas que han experimentado muerte clínica y luego se han recuperado, posteriormente han comentado haber visto el túnel de luz, y esto está muy bien documentado en el libro “Vida después de la Vida”, del Dr. Raymond A. Moody JR.

Al abrirse el túnel de luz que invita a continuar, el alma puede decidir si seguir o no. Incluso, hasta ese momento tenemos libre albedrío y el mundo espiritual es muy respetuoso de lo que decide cada alma. Si el alma decide no atravesar el túnel y quedarse, sabiendo que ya ha fallecido, esto no es nada benéfico porque sufre. Y es señal de que su apego es tal que no puede continuar.

Los apegos y el perdón

Por más que nos han dicho que la vida hay que vivirla sin apegos, esto es muy difícil de llevar a la práctica. El verdadero problema es cuando el apego se transforma en control o culpa o rabia, las que quedan estancadas sin ser resueltas. Estos sentimientos crean un fuego latente, que ante el menor estímulo, nos causa dolor y sufrimiento, con el consiguiente y evidente riesgo de enfermar a nuestro cuerpo físico. Sin duda, el control, la culpa y la rabia son los que más nos impedirán seguir adelante al momento de trascender.

¿Qué estás controlando tanto en esta vida que no te dejará soltarte al momento de morir?, ¿no puedes dejar de controlar el dinero?, ¿no puedes dejar de sentir apego por tus hijos?, ¿o por tu marido?, ¿sientes culpa porque te equivocaste con alguien?, ¿la rabia no te deja en paz porque te hicieron daño y sientes que no te has podido recuperar?

El acto más amoroso que podemos hacer por nosotros mismos es perdonarnos y perdonar a los demás. Perdonar tu pasado, perdonar lo decepcionado que estuviste de tu vida y perdonar a los otros. No hay nada más liberador que cambiar esa mala percepción que uno tiene de la propia vida y de la vida de los demás.

Para lograr perdonarnos y perdonar a otros hay que partir por ser más bondadoso y paciente con uno mismo. Un ejercicio muy simple es tratar de vernos como si fuéramos niños en constante aprendizaje. Con cada caída nuestra conciencia se va expandiendo un poco más y más. Esto es mucho más generoso que asumir el papel de jueces, listos a dictaminar una sentencia irrevocable y fulminante.

Perdonar es un trabajo espiritual constante que nos prepara para nuestra propia transición, y mientras más “livianos” vayamos transitando por esta vida, más disfrutamos de la vida y menos miedo sentiremos cuando llegue el momento de morir.

La tercera etapa de desapego

La tercera etapa de desapego es cuando el alma decide continuar por el túnel de luz. Lo que viene después es una revisión de vida muy completa. Aquí el alma está en compañía de seres de luz, además de maestros espirituales y de seres queridos ya fallecidos. Se ven los aprendizajes y se comienza a trabajar y a “estudiar” en aquellos aspectos que faltó pulir. En esta etapa las almas pueden conectarse con el mundo material, pueden ver el proceso de sus familiares y amigos en la Tierra, y conectarse con ellos.

Durante la muerte es el cuerpo físico el que sufre, pero no el alma y es importante entender esto. Si bien el alma aún permanece conectada al cuerpo, ésta al mismo tiempo comienza a situarse en otra dimensión. Por lo tanto, el dolor se concentra principalmente en la materia y el alma no lo percibe como tal, o mejor dicho, no siente el dolor con la misma intensidad que el cuerpo físico.

Ninguna forma de morir es mala

Ninguna forma de morir es mala, ni el suicidio, ni el accidente, ni el homicidio. Recordemos que antes de nacer hemos elegido el libreto de nuestras vidas, hemos escogido a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros amigos y hasta la forma en que vamos a morir, porque es lo que nuestra alma necesita para aprender. En otras palabras, todas las formas de morir son buenas, porque aportan al aprendizaje del espíritu. Sí se puede afirmar que el “buen morir” consiste en no llegar a este instante con “enemigos” o “pendientes”.

Completo amor y paz

Con todo, el proceso de transición o muerte no es tan lineal como ha sido descrito aquí. El libro “Vida después de la Vida”, del Dr. Raymond A. Moody JR. relata varios casos de personas que, tras sufrir un accidente o entrar en agonía a raíz de una grave enfermedad, inmediatamente ven el túnel de luz y se despliega la película de su vida, en forma muy real y vivencial.

El consenso de todos los testimonios que figuran en el libro del Dr. Raymond, es que al ver el túnel de luz la sensación es de completo amor y paz. Varios quieren seguir la luz que emana del túnel, pero cuando se les dice que deben volver, que aún no es tiempo de morir, sienten frustración porque están en un estado de mucha felicidad y plenitud. Incluso, se han olvidado de sus hijos, sus esposas y de su vida en la Tierra.

Si ya en el proceso de transición las almas experimentan todo ese maravilloso bienestar, cómo será estar definitivamente “allá arriba”! Entonces, no es nada amoroso querer retener a alguien aquí en esta vida cuando pensamos “no quiero que te mueras, no quiero que me dejes”. Si realmente comprendiéramos lo que hay en esa otra dimensión, no dudaríamos un instante en soltar. Además, si así lo deseamos, siempre vamos a estar en contacto con esa persona que partió. Por supuesto que no vamos a ver su cuerpo físico, pero la sentiremos, soñaremos con ella, percibiremos sus aromas, sonidos y hasta recordaremos momentos vividos junto a ella y que creíamos olvidados.

Como decíamos al comienzo, desde nuestra limitada percepción en el mundo físico, cuando un ser querido fallece creemos que lo hemos perdido, pero en realidad no es así. Por ello, debemos ayudarlo y ayudarnos a nosotros mismos pensando “es solo cuestión de tiempo para que nos volvamos a encontrar. Espero que estés rodeado de mucha luz y amor”.

Si alguien muy cercano acaba de fallecer, también podemos solicitar la ayuda del Arcángel Asrael, quien nos presta mucho apoyo y asistencia durante el duelo. Pese a que los ángeles y arcángeles suenan como muy propios del Cristianismo y el Catolicismo, hay que aclarar que casi todas las religiones reconocen la existencia de seres de luz de elevada conciencia que, desde otra dimensión, nos ayudan en momentos de mucha dificultad. En consecuencia, los ángeles y arcángeles son “arreligiosos”. La siguiente oración ha sido creada para brindar paz y no hay mejor manera de dar paz a la persona que acaba de morir, que primero experimentando la propia paz.

Oración

“Arcangel Asrael, te pido ayuda para que guíes hacia la luz el alma de (nombre de la persona) y pueda estar en paz y en contacto con el amor. Dame consuelo en estos momentos y ayúdame a sanar mi corazón de cualquier dolor y a reconocer que no puedo perder a nadie para siempre. Así sea, así es”.

Recuerdo que cuando tenía 20 años y pensaba en la muerte sentía miedo. Hoy ese temor se ha ido disipando ante la dulce expectativa de encontrarme con mis seres queridos que ya han partido: la Ita, el Tata, mi papito y mis adorados gatos Ulito, Catalina y Nahuel.

Recientemente leí el caso de un joven que a los 22 años murió asesinado. Esto ocurrió hace 19 años atrás y su hermana menor no podía aceptar ni soltar el suceso. Estaba convencida que su hermano estaba muy mal, así es que decidió procurar la ayuda de una médium. Esta reveló que su hermano se encontraba en una tercera etapa de desapego haciendo una revisión de su vida  y que estaba bien. De hecho, el chico estaba muy contento porque se había reunido con su querida mascota, el perrito de su infancia. Si esto no es el paraíso, entonces, ¿qué es?